Los ejecutivos de hoy tienen la tarea de entender cómo la tecnología está cambiando la forma en que se organizan las empresas y los sectores. Deben estar preparados para aprovechar las oportunidades y riesgos que la disrupción digital presenta. Preparados para cambiar la forma en que se regulan los mercados, para crear nuevas arquitecturas de negocios que se adapten a los cambios tecnológicos.

Hace más de 20 años Bill Gates en su libro «Camino al futuro», describió la «Superautopista de la información», término que aplicó a la Internet y a todo el potencial que visualizaba en ese entonces.

Arturo nos explicará cómo ese “camino al futuro” se convirtió en el mapa para muchos en la industria digital.

Una década después, Apple, Google, Amazon, Facebook sacaron partida de dicha visión porque Microsoft quería defender su viejo modelo de licenciamiento de Windows. Microsoft no recorrió el camino descrito por su fundador.

Luego de romper sus propios paradigmas bajo el liderazgo de Satya Nadella, Microsoft empezó a conectar las herramientas y soluciones del ecosistema, atacando irónicamente al corazón de la misión de su enemigo en el campo de las búsquedas y la publicidad. 

La misión de Google es «organizar la información del mundo y hacerla accesible y útil para todos», credo que ha sido la brújula de dicha compañía. Ahora queda rezagada con el anuncio de la integración de Chat GPT, herramienta de Inteligencia artificial conectada a los servicios de búsqueda Bing y otras soluciones de Microsoft. 

Una historia extraída de un cuento de hadas, donde el sapo se convierte en príncipe.

Esta es una muestra que este siglo digital tiene un «mapa de Borges» o un mapa cambios, como lo definieron Philip Evans y Patrick Forth, miembros de la firma The Boston Consulting Group. La metáfora del mapa de Borges nos ayuda a entender cómo la tecnología está finalmente alcanzando tanto la visión del científico supremo como la del fabulista supremo. Ciertamente la ficción y la tecnología van de la mano en estos días.

Los autores llaman la atención a los ejecutivos en la próxima década para trazar su curso a través del laberinto de una nueva arquitectura de negocios. 

Esta idea se basa en el cuento de Jorge Luis Borges, «Del rigor en la ciencia», que describe un imperio en el que los cartógrafos han creado un mapa tan detallado que ocupa el mismo espacio que el imperio mismo. La ironía es que el mapa fue abandonado y el imperio se convirtió en el mapa.

La disrupción digital ha habilitado nuevas opciones institucionales con economías distintas, como la ubicuidad de sensores y conectividad que impulsan un ecosistema digital emergente. Las arquitecturas holísticas y apiladas ayudan a construir un nuevo stack industrial. Esto supone la digitalización de lo que conocemos y una posible conversión de los elementos físicos en digitales, quitando el valor final a lo que queríamos conservar y construir.

Consideremos que los elementos que están en juego son el mapa (geoposición) y el terreno (geopolítica), el signo (el dato) y el significado (el conocimiento), lo virtual (digital) y lo real (analógico) que se fusionan en un solo sistema.

Los elementos mencionados muestran un nuevo stack industrial, una arquitectura de capas horizontales que comprende infraestructura compartida en la parte inferior, comunidades de producción y consumo en la parte superior y oligopolios tradicionales compitiendo en el medio. 

Un modelo de arquitectura que permitiría a las empresas aprovechar los beneficios de la innovación comunitaria en capas superiores y la mejora de la utilización en capas inferiores, superando los costos de transacción adicionales.

Existen tres principales cambios en la arquitectura de negocios que se han producido como resultado de la disrupción digital, éstas se definen como «olas«:

  • La primera ola fue el surgimiento de la economía de Internet, en la que los costos de transacción cayeron y la riqueza y el alcance se fusionaron. Esta ola fue impulsada por empresas como Microsoft, Apple y Google. 
  • La segunda ola fue el surgimiento de la economía de la colaboración, en la que los costos de transacción cayeron aún más y los pequeños se volvieron hermosos. Esta ola fue impulsada por empresas como IBM, Apple, Google, SAP, Facebook y muchas otras. 
  • La tercera ola es el surgimiento de la economía de la hiper escalabilidad, en la que los costos de transacción se han reducido aún más y el gran tamaño se vuelve hermoso. Esta ola está siendo impulsada por empresas como Amazon, Uber, Airbnb y muchas otras. 

Las olas se caracterizan por la intensificación de las economías de masa, que incluyen economías de escala, alcance y experiencia, tema que abordamos en la segunda edición de nuestro libro «Economía Digital: motor de cambio para la República Dominicana», parte de la colección Tabuga Intelligence.

Recomendamos a los empresarios administrar los datos como un fideicomisario. Una muestra es la disposición de la Ley 4-23 que rige las actuaciones y efectos del Sistema Nacional de Registro del Estado Civil, entre los cuales se encuentran los registros biométricos. 

Los datos personales recopilados por las empresas no deben tratarse como una propiedad simplemente transferida una vez y de forma irrevocable, sino como un cliente al que se le debe servir. 

Al convertir a un cliente en datos y lo visualizamos como tal,  experimentamos en nuestras organizaciones el efecto del «mapa de Borges». Porque el ser «digitalizado» deja de tener valor para aquel que observa una base de datos.

Las empresas que establezcan lazos de confianza y legitimidad con sus clientes obtendrán una ventaja competitiva sobre aquellas que tratan a los sujetos de datos como un producto para revender. Los empresarios deben reorganizar sus negocios a lo largo de sus encadenamientos económicos para aprovechar al máximo las oportunidades de disrupción digital.

REFLEXIÓN DE LA SEMANA

«Del rigor de la ciencia»

*Jorge Luis Borges*

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él.
Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

*Suárez Miranda, Viajes de Varones Prudentes, Libro Cuarto, Cap. XLV, Lérida, 1658.*


Publicado originalmente en el blog de Arturo Lopez Valerio.